· Yurany · Salud mental · 4 min de lectura
El suicidio no puede ser un tabú
Detrás de una persona que se viste de una sonrisa puede haber un ser humano sosteniendo un dolor que nadie ve. Saber mirar, preguntar, escuchar puede salvar una vida.
¿Cuánto tiempo llevas pensando que no quieres vivir? ¿Cuánto tiempo llevas imaginando cómo sería la vida si no estuvieras aquí?
Mientras te preguntas y cuestionas cómo seguir, continúas con el ritmo normal de tu vida. Sacas del clóset una sonrisa para ponerte cada mañana. Vas al trabajo, estudias, tienes conversaciones superficiales, cumples con lo que se supone que debes hacer… mientras, por dentro, buscas la manera de no hundirte en el dolor, aferrándote a cualquier palabra que pueda salvarte de caer.
No se suicida para dejar de vivir, sino para que el dolor termine
Cuando la vida duele, puede aparecer la idea de morir como una solución para ponerle fin al sufrimiento que llevas cargando desde hace algún tiempo. Un dolor que quizá nadie ha podido ver porque permanece invisible, sin forma ni color, pero que por dentro lo sientes profundamente. Si tu dolor tuviera un tamaño, ¿qué tan grande sería?
Cuando finalmente encuentras el valor para hablar de lo que estás sintiendo, te encuentras con el miedo del otro, su incomodidad o incluso con la necesidad de que cambies de opinión rápidamente, como si no supieran qué hacer con el dolor que estás mostrando. Entonces vuelves a pensar que es mejor guardarlo y callar.
La idea de querer morir no es únicamente en personas que sufren un trastorno mental
También puede aparecer en alguien cuya vida aparentemente está bien o en una persona que vive en condiciones de precariedad, que enfrenta el hambre y la pobreza, una enfermedad, la pérdida del empleo o la angustia de no tener qué ofrecerles de comer a sus hijos. Todas estas circunstancias pueden resultar insoportables y generar sufrimiento, pensamientos suicidas o deseos de morir.
No necesariamente porque hayas decidido hacerlo o lo hayas planeado, sino porque, cuando la desesperanza se vuelve tan intensa, la muerte puede parecer la única solución para dejar de sufrir tanto.
Hay cosas que en medio del camino pueden ayudarte a sostener el dolor cuando las circunstancias nublan y te roban la esperanza; otras, en cambio, pueden hacerlo mucho más difícil. Está también lo que no puedes controlar: aquello que no elegiste, no provocaste y que hoy no sabes cómo resolver.
Si todavía no encuentren una salida no significa que no exista. Podemos buscar otras soluciones, otros caminos diferentes a la muerte.
Lo que ocurre a tu alrededor también importa. Importan las condiciones en las que te ha tocado vivir, tus vínculos y el acceso a ayuda que pueda amortiguar ese dolor: una persona que esté ahí, aquello que todavía valoras y por lo que quisieras seguir viviendo, una oportunidad, un cambio en tus circunstancias, un espacio para hablar o incluso seguir sosteniendo la esperanza, imaginando que las cosas pueden ser diferentes.
Quien muere por suicidio también era una persona como tú y como yo. Tenía una familia, hermanos, hijos; era tío, sobrino, nieto, amigo, compañero. Tenía vínculos, un trabajo, responsabilidades, momentos difíciles. Y, en algún momento, estaba atravesando un dolor que no pudo ser escuchado. No podemos reducir a una persona al momento en que murió ni llamarla débil por no haber podido más. Detrás de ese momento había una historia, una persona que estaba intentando sobrellevarlo.
Quiero hablarte a ti
Si estos pensamientos aparecen, no tienes que esperar a que se vuelvan insoportables para pedir ayuda. La muerte es una decisión de la que no se puede regresar, por eso es importante hablar de lo que estás sintiendo y buscar apoyo para encontrar otras posibilidades. No tienes que esperar a que sea demasiado tarde para decir: “necesito ayuda”. Recuerda que hay ayuda y aquí estamos disponibles.
Con amor, Yurany.
Nota: muchas personas que mueren por suicidio han mostrado previamente señales de alerta, ya sean verbales o conductuales. Estemos atentos a ellas. Escuchar, preguntar y tomar en serio lo que una persona está expresando puede abrir un espacio para pedir ayuda a tiempo.