Twitter IconInstagram IconWhatsApp Icon

· Yurany · Salud mental  · 5 min de lectura

La brevedad de la vida

La vida es un breve instante que se nos escapa de las manos. Nos recuerda lo vulnerables que somos ante la inevitable muerte, y que lo único que nos queda es reconciliarnos con la idea de que un día seremos polvo y olvido.

La vida es un breve instante que se nos escapa de las manos. Nos recuerda lo vulnerables que somos ante la inevitable muerte, y que lo único que nos queda es reconciliarnos con la idea de que un día seremos polvo y olvido.

La consciencia de la muerte nos devuelve la mirada hacia la vida, que no se trata de correr sin sentido, sino de detenernos, mirar alrededor y descubrir que hay una vida ocurriendo en las cosas más simples.

Frente a esta certeza nos cuestionamos qué sentido tiene la vida cuando la muerte nos acecha y nos depara al final del camino. ¿Vale la pena correr, esforzarse y exigirnos tanto? Si la vida es breve y nuestro destino es la muerte, ¿cuál es entonces la mejor manera de vivir?

El problema de la brevedad de la vida no parece ser que no haya tiempo para vivir. La vida quizá no sea tan corta ni tan breve como solemos decir, aunque siempre hay algunas excepciones. Séneca, en su Tratado de la Brevedad de la Vida, escribió que tenemos tiempo suficiente para vivir, para hacer las cosas que queremos y para ocuparnos de aquello que realmente es importante. El problema aparece cuando perdemos ese tiempo persiguiendo apariencias de una vida material o acumulando cosas que poseer.

“Vives como si fueras a vivir para siempre” Séneca

Es curioso cómo la cercanía de la muerte nos devuelve un corazón más afectuoso suspendido en el presente: abraza con más calma, mira con más atención, expresa con mayor dulzura aquello que sentimos y estamos más dispuestos a dar amor. La pregunta es: ¿por qué esperamos a estar cerca de la muerte para decir lo que sentimos, para cuidar nuestros vínculos y para amar con mayor consciencia? ¿Por qué esperar a que la vida nos recuerde su fragilidad para empezar a valorar aquello que hoy todavía podemos cobijar?

Pasamos gran parte de la vida pensando que hay tiempo para todo y en ese sentido posponemos la vida, dejando para un mañana que no tiene certezas. Pero la acelerada cotidianidad tiene sus modos de mostrarnos que la vida corre y no se detiene, y mientras esperamos el momento correcto envejecemos en un tiempo que se nos escapa y con él el fin de toda posibilidad.

La vida es frágil como las hojas que caen al secarse

Olvidamos que habitamos un cuerpo que, aunque nos resulta familiar y cotidiano, puede cambiar en un instante. Somos como las hojas de un árbol: verdes, llenas de vida, aferradas a sus ramas, hasta que llega el momento en que se secan y caen. Una enfermedad, un accidente, una noticia inesperada pueden recordarnos que aquello que dábamos por seguro nunca estuvo completamente bajo nuestro control. No sabemos cuándo la vida puede cambiar de dirección, ni cuándo aquello que hoy forma parte de nuestra rutina puede dejar de estarlo.

¿Has imaginado qué significaría no morir nunca?

¿Cómo cambiaría nuestra manera de vivir si supiéramos que nunca vamos a morir? ¿Qué sentido tendría ser eterno por los siglos de los siglos? Vivir en una eternidad sin la posibilidad de un descanso después de una vida ajetreada por la rutina, la violencia; un cuerpo agotado de producir, de sentir dolor. Depende de cómo lo mires, la muerte en este sentido no parece ser un terrible destino después de todo. En la muerte también hay belleza. Nos enseña el valor de la vida.

Nos invita a apreciar esos pequeños instantes que jamás regresarán, a vivir el presente como un momento único e irrepetible. Porque, si esta experiencia es breve, ¿qué sentido tendría desperdiciarla en cosas que no le aportan valor a tu vida?

Tampoco se trata de vivir con prisa, intentando dejarlo todo resuelto antes de que llegue la muerte, corriendo para llegar a una meta que a veces ni siquiera es nuestra, solo para pertenecer o agradar a personas que apenas conocemos. Lo importante no sea llegar primero, sino preguntarse si la vida que estás construyendo es la que realmente quieres vivir.

Caimos en la trampa del olvido

La manera de vencer al olvido es dejar una huella imborrable que resista el tiempo y el espacio, como la única manera de recordarle al mundo que un día lo habitamos. Debería bastar con vivir esta experiencia breve, sin el absurdo deber que nos doma de ser extraordinarios. ¿Existe otro modo de vivir?

El único deber que tienes contigo mismo es tener la claridad de cómo quieres habitar el breve tiempo que tienes en tus manos.

No sé cuánta verdad haya en la frase: “solo se muere quien se olvida”. Pero quizá es una de las razones por las que escribimos, narramos historias y buscamos dejar huella: para seguir existiendo en la memoria de quienes nos leen, para resistirnos al inevitable olvido. Pero, al caer en el vacío de la nostalgia, terminamos dándonos cuenta de que no hay nada que podamos hacer. Que, tarde o temprano, después de nuestra muerte, no habrá alguien que pueda recordarnos.

Vive una vida que merezca ser vivida aunque sea breve

¿Qué significa ser persona? ¿Cuál es el sentido de la vida? A mi parecer, son algunas de las preguntas más difíciles que puede hacerse un ser humano, especialmente cuando aparecen en medio de la sigilosa madrugada, susurrando al oído. No tienen una única respuesta. Cada persona le otorga un valor y una perspectiva diferente a su existencia; el sentido se construye de manera íntima, en relación con aquello que cada uno considera valioso y con la forma en que decide habitar su propia vida.

Quien encuentra un sentido encuentra también algo a lo que aferrarse: aquello que quiere cuidar, vivir, construir o alcanzar mientras el cuerpo y tiempo lo permitan.

Aceptar que la vida es breve no significa renunciar a ella. No se trata de abandonarse, ni de dejar de hacer aquello que está en tus manos. El sufrimiento hace parte de la vida, así como la muerte es parte de su orden natural. Se trata, quizás, de reconocer su fragilidad para aprender a habitarla con más consciencia.

Con amor, Yurany.

Fuentes de inspiración:

Libro de Séneca, tratado de la brevedad de la vida.

Regrasar al blog

Publicaiones Relacionadas

Ver todas »
Respirar para volver al presente

Respirar para volver al presente

El mindfulness nos invita a regresar al presente, conectar con lo que estamos viviendo aquí y ahora, y recibir cada momento tal como llega.

Crecer toma tiempo

Crecer toma tiempo

El crecimiento es un proceso que suele ser lento, incómodo y muchas veces invisible mientras ocurre.

Cuando pensar duele

Cuando pensar duele

Cuando pensar nos causa dolor. En este post explicamos cómo reconocer los pensamientos intrusivos y entender por qué nos afectan. Una mirada desde la terapia de aceptación y compromiso.

Agenda tu cita