· Yurany · Salud y enfermedad · 6 min de lectura
La vulnerabilidad humana
Cada persona tiene su propia fragilidad y cada uno se reconcilia con ella. La enfermedad no nos alcanza a todos por igual ni de la misma manera.
¿Es la enfermedad un castigo o una experiencia humana inevitable? De un cuerpo frágil, un cuerpo que envejece y que, en cada etapa de la vida, cambia y se transforma. El cuerpo, es apenas un pequeño fragmento en medio de todo lo que existe.
Pareciera que enfermar fuera consecuencia directa de no haber cuidado bien el cuerpo. Desde esta mirada, la enfermedad se vive con culpa, como algo que “no hicimos bien” o que “pudimos haber evitado”. Si me hubiera alimentado bien, si hubiera pensado más positivo, si hubiera hecho ejercicio… ¿porque me toco a mi la enfermedad?
Sin embargo, la realidad es más compleja. Cada ser humano es distinto, y esas diferencias nos hacen más o menos vulnerables ante determinadas circunstancias.
La realidad no es tan simple
Imaginemos que una persona quiere salvarse de una caída cruzando de lado a lado por un puente relativamente amplio. En su camino carga con todas sus preocupaciones: una mudanza, el cuidado de algún familiar, las facturas por pagar, la fecha tope de entrega de un trabajo, un despido… Cuanto mayor sea la carga, más difícil le resultará moverse y guardar el equilibrio. En cualquier caso, el puente es lo suficientemente amplio como para cruzarlo tranquilamente.
Sin embargo, una segunda persona está tratando de salvar otra caída, quizá con la misma carga como la primera persona, pero bajo sus pies aguarda una cuerda mucho más estrecha. Lo que para la primera persona puede resultar una tarea relativamente sencilla, para la segunda resulta toda una prueba de mantenerse en equilibrio. En esta analogía, la carga representa los eventos estresores, mientras que el camino bajo los pies, la vulnerabilidad. El riesgo de caída es diferente para cada una de las personas, siendo mucho mayor para la segunda pese a que la carga pueda ser similar. (Zanón et al., s. f.).
En Colombia, por ejemplo, las personas en situación de pobreza tienen un riesgo superior al 50% de padecer un trastorno mental, lo que también incrementa su condición de vulnerabilidad (el tiempo, 2025).
Pero la vulnerabilidad no funciona como una regla fija. Pese a contextos difíciles, hay personas que no desarrollan una enfermedad, mientras que otras, aun con privilegios, sí les sucede. Esto nos recuerda que la vulnerabilidad es el resultado de una interacción compleja entre el contexto social, la historia de vida, la personalidad y las condiciones biológicas o hereditarias.No es una consecuencia de un solo factor.
No todo depende de mí, y eso no me hace menos
La vulnerabilidad humana es definida como “un estado de estabilidad física, emocional y cognitiva que está en peligro de ser perturbado o destruido debido a ser susceptible a influencias desestabilizadoras” (Boldt, 2019). Según Boldt, las influencias dañinas no solo se limitan a peligros externos con la capacidad de dañar o enfermar a una persona, sino que también pueden ser internas, como la vulnerabilidad psicológica, presente en la forma de pensar y actuar conforme a creencias que pueden llevar a la persona a herirse a sí misma.
La fragilidad de nuestras certezas
Una creencia es una idea firme a la que nos aferramos y desde la cual tomamos decisiones casi sin darnos cuenta. Actuamos guiados por ella porque sentimos que es “verdadera”. Por ejemplo, alguien puede creer profundamente que “siempre debe ser fuerte” que “descansar es perder el tiempo” o que “todo lo que pasa en su vida es su culpa”. Sin embargo, cuando aparece una enfermedad, como un diagnóstico de cáncer esas certezas pueden tambalearse. El cuerpo impone límites, la energía ya no es la misma y la persona empieza a preguntarse si debe seguir viviendo bajo las mismas exigencias o si esta experiencia le invita a replantear lo que creía sobre la fortaleza, el control y su valor como persona.
Si enfermo, ¿entonces soy culpable de mi enfermedad?
Una fragilidad inevitable
Vivir implica exponerse al riesgo de ser vulnerable. Enamorarse, por ejemplo, supone abrirse a la posibilidad del rechazo o de daño, aun así decidimos hacerlo. Del mismo modo, cuando tomamos decisiones alineadas con lo que es importante para nosotros, actuamos pese al miedo y a la incertidumbre que conlleva el riesgo. La vulnerabilidad, entonces, no es una debilidad, sino una condición humana inevitable que nos acompaña.
La idea de controlar el cuerpo nos ha llevado a sentirnos culpables
La enfermedad no depende únicamente de la voluntad o del control individual; hay personas quienes se cuidaban, hacían deporte y aun así llego la enfermedad a sus vidas, entonces no siempre va a depender si te cuidas o no, hace parte esa vulnerabilidad, de nuestra existencia. Reconocerlo si alivia, porque nos devuelve una mirada más compasiva y más realista hacia nosotros mismos.
Cada persona tiene su propia fragilidad y cada uno se reconcilia con ella
Aprovecha los factores protectores que ya tienes es un buen punto de partida. Fortalecer lo que te ayuda, puede hacer el camino más llevadero. Pregúntate: ¿qué cosas o actividades me ayudan a sentirme mejor cuando estoy mal?, ¿qué cosas disfruto hacer?, ¿hago deporte y me alimento bien?, ¿tengo quien me apoye y con quien hablar cuando me siento triste? Aunque parezca algo sencillo, contar con apoyo o con pequeños recursos personales es una forma muy valiosa de fortalecer ese puente que te sostiene. Así, cuando lleguen momentos difíciles, habrá algo en tu vida cotidiana que te ayude a mantener el equilibrio.
Cuidar el cuerpo es importante, es necesario. Los hábitos saludables pueden reducir el riesgo de enfermedad, pero no lo determinan por completo. Es mantener un equilibrio, no como una obligación rígida por el miedo a enfermar. El discurso se ha vuelto tan fuerte que, si la enfermedad llega, casi de inmediato aparece la culpa: “algo hice mal”, “no me cuidé lo suficiente”. Y no siempre es así.
Entonces, vale la pena cuidar el cuerpo, pero no desde la creencia que todo depende de nosotros, porque termina siendo rígida e inhumana. Cuidarnos debería sentirse como una forma de valorar nuestro cuerpo y nuestra propia vida.
Con amor, Yurany.
Boldt, J. (2019). El concepto de vulnerabilidad en la ética y la filosofía médica. Philos Ethics Humanit Med 14, 6.
Caicedo, E. (2025). En Colombia vivir en pobreza aumenta en más del 50 % el riesgo de padecer enfermedades mentales, advierte investigación.
Zanón Orgaz, I., Matías Lago, T., Luque González, A., Moreno-Agostino, D., Aranda Rubio, E., Morales Pillado, C., García Tabuyo, M., & Márquez-González, M. (s. f.). Guía para la elaboración de un análisis funcional del comportamiento humano. Facultad de Psicología, UAM.
