· Yurany · Depresión · 5 min de lectura
Dentro del pozo: vivir con depresión
¿Qué se hace cuando duele la vida, cuando se está sumergido en el pozo de la desesperanza?. La cuerda llega de quien menos te lo esperas.
La depresión no es solo un trastorno del estado de ánimo, sino una condición que afecta de manera multidimensional a una persona.
Quien la padece presenta síntomas de angustia intensa que se mantienen en el tiempo, que según el Manual Diagnóstico de los Trastornos Mentales tendría una duración de al menos dos años, diferenciándolos de los síntomas comunes de tristeza como una emoción transitoria y adaptativa que dura varios días o incluso semanas de manera intermitente.
En el caso de la depresión, los síntomas pueden estar presentes a partir de las dos semanas consecutivamente, esto quiere decir que cuando la tristeza no es pasajera algo esta intentando decirte.
Una persona con depresión, expresa sentimientos de culpa, una fuerte desesperanza, desmotivación, perdida del interés en hacer lo que antes disfrutaba. Entre otros síntomas como la baja autoestima, la falta de apetito, alteraciones de la atención y del sueño, dificultades en la concentración, aislamiento social, cansancio constante y una sensación de agotamiento físico y mental, incluso sin haber realizado grandes esfuerzos.
Estos síntomas no se quedan solo en lo emocional: atraviesan la vida diaria y afectan las relaciones, el trabajo y la forma en que la persona logra sostener su día a día.
Cui, L. et al., (2024), refiere que, aunque existen estudios que sugieren la participación de factores genéticos y alteraciones neurológicas en la depresión y su fisiología, afirman estar relacionados con la aparición del trastorno, sin embargo, “el gen de la depresión” aún no es del todo clara, y las hipótesis actuales resultan insuficientes para explicar completamente su aparición, aunque si se ha evidenciado su papel en la reducción de dopamina en el cerebro y el conjunto de factores biopsicosociales que están relacionados en esta condición.
Un humano herido pierde fuerzas para continuar. Necesita a alguien que le ayude a mirarse desde afuera, con amor y autocompasión. No estás solo
Estar en el pozo
Vivir con depresión puede sentirse como haber caído en un gran pozo. Un lugar oscuro, húmedo y silencioso, donde el tiempo parece haberse detenido. Intentas salir, escalas una y otra vez, pero te resbalas, caes, y cada intento te deja más cansado. El agua empieza a arrugarte la piel, a desgastarte, y llega un punto en que solo queda la fatiga de no saber cómo salir, como si su lucha fuera en vano.
Desde afuera, muchos solo ven a alguien que “no quiere salir”, alguien que elige quedarse ahí, sumergido en la soledad y el abandono.
Te gritan frases bienintencionadas pero vacías, terminan doliendo más, porque no alcanzan a comprender e imaginar que se siente estar dentro del pozo.
Pero ¿y si, en lugar de gritarle “échale ganas” o “puedes estar mejor”, le lanzarás una cuerda para ayudar a sostenerlo mientras sube? A veces, la cuerda llega de quien menos te lo esperas.
La depresión no siempre grita, a veces se manifiesta en el silencio
¿Como podemos ayudar a quien se encuentra en el pozo de la desesperanza?
Ayudar a alguien a salir del pozo no es fácil. Lanzar la cuerda no basta: también debes sostenerla con fuerza mientras quien está dentro decide si quiere agarrarse. Si quieres ayudar, dile que puede apoyarse en ti mientras lo hace, respetando su ritmo y su decisión. Porque, en el fondo, lo que más necesita es sentir que no se está solo mientras intenta salir.
Déjalo que te acompañe
Imagina que dentro del pozo hay un perro grande y viejo, cansado y asustado, que ha vivido contigo ahí durante mucho tiempo. Cada vez que has intentado subir, no te ha dejado, porque a este punto ha tenido el control de tu vida. No es un animal malo; se acostumbró a la oscuridad y cree que ese lugar es seguro. Mientras intentas escalar el pozo, descubres que él va contigo: se aferra, pesa y te susurra que sueltes la cuerda y no avances. Este perro es la depresión, los recuerdos, los pensamientos del dolor y sufrimiento que han estado contigo por mucho tiempo.
Invítalo a que te acompañe. Puedes decirle que le agradeces por intentar protegerte y, aunque él quiere quedarse, tú quieres elegir un futuro diferente fuera del pozo. Le dirás que empezarás a subir y que, si quiere, puede ir contigo sin impedir tu avance, a pesar de su propio dolor. No tienes que luchar contra él, solo no le entregues el control de tu vida. A medida que subes, encuentras otra forma, una nueva perspectiva que te ayude agarrarte con mas fuerza de la cuerda que termina siendo la vida. Si esperas a que el perro se vaya para empezar a subir, es posible que nunca lo hagas.
No se inicia cuando se deja de sufrir; se inicia para poder transitar el dolor, porque sin ese inicio, aunque sea con un pequeño paso, no habría manera de salir del pozo
Estar dispuesto no es lo mismo que intentar
Podrías intentar subir y, aun así, no hacer lo que realmente se necesita: agarrarte de la cuerda y dar los primeros pasos. Estar dispuesto implica lanzarte, tomar la acción de avanzar, aun cuando el dolor y el sufrimiento te acompañen. Significa reconocer el dolor y permitirle estar presente mientras subes. Aceptar no es rendirse, es hacerlo incluso con sufrimiento, con miedo y sin motivación.
Esto no termina al salir del pozo; continuar es elegir un camino que te acerque a las cosas que valoras, lo que merece ser vivido y lo que es importante para ti mas allá del sufrimiento.
¿Estarías dispuesto a dar ese pequeño paso?
Yo también estuve ahí.
Con mucho amor, Yurany
Fuentes de inspiración:
Cui, L., Li, S., Wang, S. y otros. Trastorno depresivo mayor: hipótesis, mecanismo, prevención y tratamiento. Sig Transduct Target Ther 9, 30 (2024).
Libro C. Hayes, S. Smith, 2013, Sal de tu mente, entra en tu vida, la nueva Terapia de Aceptación y Compromiso.
