· Yurany · Psicología · 4 min de lectura
Amor líquido
Te saco de mi bolsillo solo cuando te necesito, un amor por conveniencia. Un amor de bolsillo que tiene prohibido sentir, un encuentro sin alma.
El amor líquido, un amor frágil, un amor al que le falta firmeza, solidez. Un amor que parece cualquier cosa, menos amor.
Zygmunt Bauman sociólogo Polaco, introdujo el concepto de amor líquido para describir la fragilidad de los vínculos en la modernidad y la forma en que entendemos las relaciones humanas: relaciones que se evaporan al primer cambio, que temen al compromiso porque este implica permanencia, y la permanencia hoy asusta. Un vínculo superficial “estaremos juntos mientras sea cómodo, mientras sea placentero, mientras sea útil”.
El amor líquido es ese que se vive con miedo, miedo a perder la libertad, miedo a entregarse. Es un amor que quiere disfrutar sin implicarse.
Un amor que lo mata la frialdad. Esa lógica del “para qué te necesito” o “qué puedes ofrecerme”, como si se tratara de un examen de aptitud. Las oportunidades van y vienen, las personas van y vienen, y entre tanto movimiento se disuelve.
Hay que saber distinguir: el amor y el deseo son hermanos, sí, pero muy distintos.
El deseo
Búsqueda de satisfacción, hasta saciar la necesidad de un cuerpo, hasta extinguir las ganas y quedarse complacido. No es amor: solo complace el deseo, y su resultado es el placer.
Saltar de relación en relación, buscando que la siguiente sea aún más excitante, persiguiendo el deseo, persiguiendo el placer.
Vivimos en una era en la que muchas personas buscan un amor que les brinde estabilidad y protección, pero sin ofrecer nada mas a cambio. Creen que lo merecen simplemente por entregar su cuerpo a merced del placer, sin comprender que eso no basta para sostener el amor. Tarde o temprano, el deseo termina.
Un amor que lo tenga todo: placer, estabilidad, protección, y otra lista de cualidades más. Esperar esa perfección del otro es despojarlo de su humanidad.
Una relación de bolsillo es la encarnación de lo instantáneo y lo descartable (Catherine Jarvie)
La idealización del amor
Me pierdo en su mirada y me olvido de la mía
Admirarlo con devoción, ponerlo en un pedestal tan alto hasta volverme pequeña y silenciosa porque “solo creo en el Dios que habita en el cielo de su boca” (Elvira Sastre). La irracionalidad del deseo, la idealización del amor.
Recrear momentos, imaginar un porvenir, distorsionando un pequeño recuerdo, una palabra, una sonrisa… Hay que tener mucho cuidado con eso: la imaginación puede ser un arma de doble filo.
Hay que mirarlo como es en realidad, no como quisieras que fuera.
Verlo, pensarlo, recordarlo: alegría, liberación de adrenalina, dopamina, latidos acelerados, un vacío en el estómago, un toque de timidez… El amor también es químico
El amor
El amor y la muerte son muy parecidas como expreso Bauman, nadie puede controlar lo incontrolable ni cuándo llega, ni cuándo se va. Ambas cosas nos tocan inevitablemente.
El amor como encuentro con el destino, sin esperar nada a cambio. Estar dispuesto a un venir, a un momento, y dejar que la magia del amor haga el resto. Si es así, entonces requiere un poco de locura, un poco de misterio: ser dos humanos aceptando estar en una línea delgada del tiempo futuro, siempre incierto.
A diferencia del deseo según Bauman el amor es “ingerir, absorber y asimilar al sujeto en el objeto, y no a la inversa como en el caso del deseo”. Es es el impulso de querer y cuidar al otro, de entregarse y proteger lo que se ama.
Se centra en el otro: en nutrirlo, mimarlo, acompañarlo y, a veces, hasta protegerlo de manera intensa. Amar implica dar, estar disponible, pero también puede traer consigo una sensación poder o seguridad sobre el vínculo. “El amor y el ansia de poder son gemelos siameses: ninguno de los dos podría sobrevivir a la separación” (Bauman, 2003).
El amor que busca quedarse es afinidad; como se describe en alemán en el texto de Bauman, un parentesco con reservas que se elige y se vuelve algo confiable, indisoluble. Una elección diaria aun viendo la vulnerabilidad del otro en su máxima expresión. Eso es lo más hermoso del amor, sostener esa fragilidad.
Entonces, el amor requiere de cuidado, para que la rutina no lo rompa, y aceptación de que el tiempo lo transforma.
Suspiro, suspiro y muy de acuerdo con Bauman; la vida es demasiado corta para comprender profundamente la naturaleza del amor. Y, como escribió Willie Colón en su canción Oh que será, quizá el único gesto que realmente podemos hacer es creer… o no.
Con amor, Yurany.
Fuentes de inspiración:
Bauman, Z. (2003). Liquid love: On the fragility of human bonds (M. Rosenberg, Trad.). Bigbang951.
Sastre, E. (2018). Aquella orilla nuestra.Valparaíso Ediciones.